Valores Sociales y Morales en la Guardería

A la hora de pensar en la educación infantil que reciben nuestros hijos, seguramente la mayoría de nosotros coincidiremos en cuáles son los valores sociales y valores morales que han de educar a los niños si queremos que estos participen en un futuro más libre, justo y democrático. Nos referimos a valores como la paz, la justicia, la solidaridad, el diálogo, la libertad, la felicidad, la responsabilidad, el respeto al otro …

Coinciden, en definitiva con los correspondientes a la Declaración de los Derechos Humanos y de la Convención de los Derechos del Niño, y que consideramos los valores básicos y necesarios. Si algo varía de una persona a otra, de una familia a otra o de una escuela a otra es la prioridad que se da a estos valores, su escala o red. Y esta misma también puede ir evolucionando a lo largo de la vida.

Por otro lado, aunque los principales transmisores de valores sean los padres, es bueno plantearse qué podemos hacer desde las guarderías al respecto.

Entonces aparecen dudas como:

  1. ¿Pueden entender estos valores a los niños de 0-3 años?
  2. ¿Hay que educarlos?
  3. ¿Cómo aprenden?

En este sentido hay que tener en cuenta que la adquisición de valores no depende sólo del intelecto, sino que intervienen también, las emociones y los sentimientos. Otra vía de aprendizaje son las rutinas diarias que más tarde darán paso a la adquisición de actitudes y que a su vez irán conformando los valores personales. Los valores se aprenden imitando, por identificación, … Así pues, podemos concluir que los valores, a la misma, y ​​todas las edades, más que enseñarse, se transmiten.

Pienso que se trata, entonces, de crear las condiciones para que el niño viva los valores de la manera más natural y espontánea posible.

Os presentamos, a continuación, varias propuestas en este sentido:

  • Buscar una relación positiva con el niño, valorándolo, proporcionando altos niveles de expectativas, intentando entender sus sentimientos, utilizando un lenguaje gestual y verbal respetuoso, no agresivo , no sexista ni discriminatorio.
  • Garantizar un clima distendido y de alegría: las risas y el buen humor se deben ver cada día.
  • Organizar los espacios para potenciar la comunicación, el juego creativo, la iniciativa, la exploración, evitando la acumulación y el exceso de ruido que favorecen la aparición de relaciones agresivas, malestares etc.

Por ejemplo, preparando los rincones de juego simbólico con cuidado para que tengan suficiente espacio y material, y que resulten variados y motivadores. El rincón del hospital nos parece un buen ejemplo donde se ven situaciones de comunicación, de contacto físico, de ayuda al enfermo, de preocupación por el otro …

  • Organizar y gestionar el tiempo para evitar las prisas que propician la irritabilidad y otras vivencias y situaciones no deseadas. Esto implica tener unos ratios no muy elevadas y, como normalmente no es así, tenemos que darle muchas vueltas, usar la imaginación y coordinarnos bastante bien.
  • Elegir el tipo de material que ponemos al alcance de los niños para que actúe como un provocador de vivencias de valores sociales y morales.

Por ejemplo, elegir los columpios de muelle donde se pueden columpiarse dos o cuatro niños a la hora viéndose las caras y compartiendo risas, emociones, palabras …

  • Aprovechar las situaciones cotidianas para vivir valores sociales y morales.
  • Priorizar la adquisición de autonomía no sólo en los hábitos de alimentación y de higiene y orden personal, sino también en la toma de decisiones. El niño debe poder tomar decisiones cuando juega, cuando se plantea una actividad … y no sólo participar de actividades “dirigidas”.
  • Favorecer la creatividad no sólo por su vertiente estética sino como recurso para resolver conflictos. Nos referimos a los instrumentos para desenvolverse dentro de una sociedad que cada vez cambia más rápido. Los docentes, además, tenemos que transmitir a las familias que el niño por pequeño que sea es un ser competente, con un potencial y capacidades inimaginables y un individuo sujeto a derechos, y entre ellos el derecho a ser feliz.

Todo ello implica la búsqueda de consenso a través del trabajo en equipo de los docentes y la reflexión continuada. Vale la pena el reto.