Valores humanos: Tipos y su sentido en nuestra vida

El concepto de valor humano es uno de los que más controversia ha generado a lo largo de nuestra historia. Con mayor o menor importancia, la idea de que todas las personas compartimos una serie de valores comunes se ha conseguido estandarizar a pesar de la dificultad base de no poder definirlos claramente en ningún momento. Todos nos imaginamos lo que son, pero ninguno estamos seguros de los que tenemos, cuántos tenemos y si podemos conseguir otros.

-Desarrollando nuestros valores a medida que crecemos

Antes de abordar los diferentes tipos de valores que existen debemos asentar las bases que nos permitirán comprender mejor el asunto que tenemos entre manos. El ser humano se desarrolla en todos los niveles, incluyendo los valores que adquiere. La capacidad de comprensión evoluciona a medida que crecemos, pudiendo haber estancamientos y adelantos que nos moldean hasta llegar a la edad adulta.

Siguiendo las ideas de la psicología más clásica desde niños disponemos de unos valores que evolucionan al mismo tiempo que nosotros mismos. Uno de los más trabajados ha sido el valor de la justicia, íntimamente relacionado con la vida en sociedad que nos caracteriza. Lo que al principio es poco más que la aceptación de las normas sin justificación alguna se va desarrollando a partir de los 6 años en una idea más abstracta, donde podemos ver fallos a dichas normas comparándolas con nuestras ideas, o, mejor dicho, nuestros valores.

De esta forma el hombre adulto alcanza un estado donde conoce y trabaja con sus propios valores. Se adapta a la sociedad mientras se mantiene a sí mismo como individuo independiente, incluso sin que sea capaz de definir claramente qué es lo que motiva sus pensamientos. A partir de aquí es donde ya podemos diferenciar los diferentes tipos de valores que existen y la implicación que tienen en nuestra vida.

-Valores personales, los más importantes

Todos por dentro tenemos convicciones personales inquebrantables independientemente de la situación en la que nos encontremos. Los valores personales son los más influyentes en un hombre normalmente. Sin circunstancias externas atípicas ni condicionantes culturales que superan nuestra capacidad de decisión la mayor parte de las veces guiaremos nuestra conducta a partir de nuestras propias ideas.

Veámoslo con un ejemplo clásico: un amigo que roba pan para dar de comer a sus hijos. Sabemos lo que está haciendo, lo que piensa la sociedad, la falta de moralidad del propio acto de robar y nuestra visión sobre lo negativo de su conducta. Pero es nuestro amigo, una persona que está pasando por una circunstancia difícil que le obliga a traspasar esa línea. Es aquí donde nuestros valores personales nos dominan, manteniendo la amistad por encima de cuestiones como la justicia. Otros en cambio se dejarán guiar por dichos valores externos a ellos que han adquirido como personales. Ninguno es criticable por sí mismo, pero sí generará siempre la duda de haber hecho lo correcto independientemente de la elección tomada.

Estos valores pueden coincidir de forma general con otros, pero siempre tendrán sus propios matices. Siguiendo nuestro ejemplo robar está mal visto por la sociedad, y nosotros también lo juzgamos cuando tenemos la oportunidad. La diferencia con el resto de personas radica en el punto donde nuestra idea de ‘robar’ se modifica por un sentido de justicia superior al ser una persona que da de comer a sus hijos. Es el mismo valor, pero adaptado a nuestra propia vida.

Valores sociales, siempre presentes

Dentro de este apartado incluimos tanto los valores relacionados con la familia, los amigos, los sociales y los culturales. Todos ellos tienen sus propias características, pero las diferencias suelen ser menores en la mayoría de casos; actuamos de igual forma con las personas que valoramos, sean familiares o amigos.

En general la mayoría de valores sociales los adquiriremos directamente de nuestra familia y las personas cercanas en nuestro entorno. Amigos, profesores, vecinos con los que tengamos buena relación, todos ellos influirán en la forma que tenemos de ver el mundo y cómo nos obliga a adaptarnos a una sociedad donde parece estar todo ya decidido. Algo común es que no hay opción de aceptarlos o no, están ahí y deberemos vivir con ellos aunque se contradigan con nuestros valores personales.

Normalmente los valores sociales estarán en continuo balance con los personales, influyéndose mutuamente. Robar está siempre castigado por la sociedad, pero nosotros comprendemos los casos concretos, al igual que sabemos que debemos evitar hacerlo siempre que podamos. Estos valores también pueden servirnos de excusa cuando queremos hacer algo que personalmente consideramos reprochable. Castigar por nuestra propia cuenta al ladrón que nos ha robado es un buen ejemplo de ello.

-Valores materiales

Para muchos los más importantes, engloban tanto los elementos genéricos como la comida o el techo donde dormir como los más codiciosos en el sentido personal. El dinero actúa tanto como nivelador de dichos valores como meta final para las personas que ponen por encima dichos valores.

Los valores materiales pueden modificar el resto de valores que tenemos. Están intrínsecamente relacionados con la autoestima, el deseo y la justicia, pudiendo cambiar incluso nuestro comportamiento cuando vemos violados dichos valores. Si notamos que obtenemos menos valores materiales que personas a las que consideramos semejantes o inferiores a nosotros sentiremos una grave contradicción con valores como el respeto o la honestidad.

No es malo que tengamos en alta estima los valores materiales mientras no se llegue a un extremo. Rechazar del todo este tipo de valores es realmente una muestra de cinismo en la medida en que son necesarios en nuestra vida, más allá del mero alimento o el cobijo. Como seres sociales que somos aspiramos también a tener posesiones que satisfagan nuestro deseo. El único problema surgirá cuando estemos dispuestos a quebrantar el resto de valores por adquirir un valor material.

Valores morales: sociedad contra individuo

La moralidad suele utilizarse como significado directo de los propios valores. Realmente disponemos de valores morales ajenos al resto de valores, pero importantes cara a definir nuestro espacio como individuos en la sociedad. Lo que es moral para la sociedad puede no serlo para nosotross, entrando en una inevitable contradicción.

Retomando nuestro ejemplo del ladrón ahora comprendemos mucho mejor cómo la sociedad castiga siempre el robo independientemente de sus circunstancias. ¿Es justo? Sí, ya que de no disponer de un baremo externo a nuestra propia forma de valorar las situaciones viviríamos en un caos absoluto. No significa por ello que como individuos no podamos actuar en contra de la sociedad, simplemente que debemos saber cómo utilizar el pensamiento para llegar a la idea más coherente con nosotros mismos.

-Los valores, fuente inagotable de conocimiento

Esta lista de valores es una más de las muchas que podemos hacer dependiendo de los límites y matices que pongamos en cada categoría. Debemos siempre recordar que los valores son personales y que lo que nos parece normal a nosotros puede ser realmente diferente en otra persona que viva a dos calles de nosotros. Aunque haya ideas aceptadas universalmente como la existencia de la honestidad o la justicia cada uno aplicamos nuestra propia visión de dichos valores, moviéndonos en los distintos tipos para configurar nuestra forma personal de ser.