Valor, Trabajo y Sociedad

Las profundas transformaciones, tensiones y contradicciones en los ámbitos económico, político, social y cultural que caracterizan la actual transición a un nuevo milenio se condensan y sintetizan en el ámbito laboral, hasta el punto de que el valor trabajo se encuentra delante de un dilema. El itinerario temático que hemos programado nos plantea de entrada una serie de preguntas que deberá responder oportunamente:

¿A qué nos referimos cuando hablamos del valor trabajo?, ¿Como ha llegado el trabajo a constituir un valor central de los sistemas económico, social, político, cultural e incluso psicológico?, ¿Está actualmente en crisis el valor trabajo?, ¿Hacia dónde apuntan las tendencias de cambio respecto del mismo?, ¿Cuál es el previsible impacto de estas tendencias sobre la calidad, las formas y el estilo de vida de las personas y de las sociedades?

Un paso previo al enfrentamiento de estas cuestiones consiste en precisar el concepto de valor en general.

El estudio interdisciplinario de los valores

Los valores constituyen un tópico central y un importante punto de articulación de las ciencias humanas y sociales, la filosofía y la moral. En el mismo concepto actual de valor confluye esta múltiple aportación interdisciplinaria:

1) Etimológicamente, el verbo valere remite, en el latín clásico, a base, vigor y salud. En las lenguas románicas, el sustantivo valor puede significar tanto una determinada calidad de una persona (su valentía) como de algo (su precio).

2) Filosóficamente, la noción moderna de valor enlaza con la de bien, heredada de la tradición platónica, aristotélica y escolástica. En este marco, el bien remite tanto a un objeto necesario como un ideal aspirado. Con ello, ya disponemos de los elementos básicos para una definición:

El valor de algo es concebido como aquello que lo hace apreciable, amable, deseable y preferible.

La filosofía alemana decimonónica establece una distinción que posteriormente cuajará en las ciencias sociales del siglo XX: hay realidades estimables por sí mismas (por ejemplo, la felicidad) y otros (como el dinero) la estimación de las que arraiga en su potencial carácter de facilitar el acceso a las realidades últimas altamente valoradas.

3) Económicamente, el término valor ha adquirido dos significados principales:

• La utilidad de algo, es decir, el grado de su contribución a la satisfacción de una necesidad humana (valor de uso).
• Su intercambiabilidad en el mercado por otros bienes o servicios económicos (valor de cambio).

Es en el contexto de esta distinción de los economistas clásicos (de Smith a Marx), que el trabajo (asalariado) es identificado conceptualmente como valor de cambio universal, hasta el punto de que se llega a establecer, durante cierto tiempo como criterio operativo para la valoración de un producto o servicio, la cantidad de trabajo que lleva incorporada.

4) Psicosociològicamente, el concepto ha sido definido de múltiples maneras. Siguiendo las pautas de Rokeach (1968, 1973), podemos definirlo en los siguientes términos:

Valor es una creencia relativamente estable sobre la excelencia de ciertos estados idealizados de la existencia (por ejemplo, la felicidad, la calidad de vida, etc.) o sobre la bondad de ciertas instituciones sociales o formas de conducta individuales (dinero , deporte, etc.) que facilitan el éxito de estas metas existenciales.

Todo valor supone una doble tesis:

a) La afirmación absoluta de aquella excelencia y de esta bondad.

b) La declaración de que las metas, los medios y estrategias valorados resultan personal y socialmente preferibles a otras alternativas.

El inventario de valores diseñado para Rokeach consta de 36 ítems estructurados en dos subescalas de 18:

La de los valores finales (estados ideales de la existencia, fines últimos de la acción, causas finales). Aplicados al trabajo, remiten a la motivación intrínseca de la actividad laboral, a lo que la hace atractiva, gratificante, interesante e importante por sí misma y, en último término, autoexpressiva.

La de los valores instrumentales (medios, recursos y estrategias sociales y psicológicos para lograr aquellas metas). Son indicadores de la motivación extrínseca del trabajo, los resultados externos que se espera extraer, como por ejemplo, el salario.

Los valores son categorías psicosociales dotadas de un triple componente:

  • cognitivo (idea del objeto valorado)
  • afectivo (emoción asociada a esta idea)
  • conativo (disposición a actuar ante este objeto, guiada por los componentes anteriores).

Como las actitudes, los valores son ideas cargadas de afecto que nos disponen para actuar de una manera determinada ante algo, pero que tienen un alcance más general. Por ejemplo, el valor naturaleza incluye un amplísimo repertorio de actitudes elementales concernientes a la biodiversidad, sostenibilidad, ahorro energético, consumo ecológicamente responsable, reciclaje, depuración, paisaje, basura y un largo etcétera.

Mientras que el número de actitudes acerca al infinito, el de los valores es mucho más reducido. Estos aparecen, además, organizados en un sistema relativamente coherente y dispuestos en una escala jerárquica. Admiten diferentes grados de intensidad, se distribuyen en esquemas bipolares (bueno-malo, agradable-desagradable, atractivo-repulsivo) y están relacionados con los dilemas morales.

Por todo ello, los valores están implicados en los planes, elecciones y decisiones, así como en las aspiraciones, expectativas e intenciones individuales y colectivas. Y constituyen, además, el principal eje vertebrador de los sistemas motivacionales, normativos e ideológicos.

Los valores funcionan como referentes centrales para la producción de conocimiento del mundo social y para la autoevaluación individual y colectiva, como soporte de las mentalidades, como guías de las actitudes y como canales de la acción social . De este modo, incluyen la doble dimensión de la realidad social:

  • Objetiva. Están presentes como fenómenos socialmente generados, construidos, aprendidos, compartidos y reproducidos.
  • Subjetiva. Subyacentes a procesos psicosociales básicos de la vida de las personas, los grupos y los pueblos.

5) Psicológicamente, representan las piedras angulares de un sistema del que también forman parte los procesos autorreferenciales (autopercepción, autoconcepto, autopresentación, autoevaluación, autoestima, autoeficacia, etc.), y también los concernientes al sentido de identidad ya la orientación moral.

6) Antropológicamente, cada sociedad e incluso cada grupo y categoría sociocultural desarrolla su sistema de valores que aprenden las personas individuales en su proceso de socialización.

7) Sociológicamente, las personas, los grupos y los mismos pueblos y sociedades tienden a diferenciarse entre ellas, no sólo por los valores que profesan, sino por la forma en que los organizan y jerarquizan dentro de su sistema y sus valores morales.

8) Jurídicamente y políticamente, unos valores son reconocidos como más absolutos, universales, globales y eternos que otras (de carácter más relativo, particular, local y temporal). Así, por ejemplo, los que hacen referencia a la vida, salud y felicidad o los que subyacen a los derechos humanos merecen un tipo de consideración diferente de la que se da a prescripciones o proscripciones sobre formas de comer o de vestimenta, roles sociales o estilo de vida, asociadas a circunstancias culturales específicas.

9) Históricamente, si bien los valores se caracterizan por su relativa estabilidad, son cambiantes y están implicados -por activa y por pasiva- en el cambio sociocultural, en tanto que son motores, facilitadores y orientadores. Toda planificación estratégica comporta, pues, de alguna manera, una intervención sobre valores, a su vez guiada (explícita o implícitamente) por valores.