Ética y Derecho

Para comprender como se interpretar la ética y el derecho, debemos saber que hay problemas que tienen un fuerte componente legal, pero no tienen nada que ver con la ética y en otras situaciones de convivencia y conflicto, es justo lo contrario y es la ética la que se torna como un aspecto importante. También hay situaciones mixtas (en las que el derecho desempeña un papel más o menos importante respecto a la ética) y situaciones de conflicto en las que tendremos que decidir una solución legal y no ética o una solución ética pero ilegal.

Así, cuando un profesional afronta un problema con elementos éticos, no necesariamente encontrará un problema jurídico, y a menudo podrá razonablemente resolverlo con referencia a sus competencias y habilidades, o en un protocolo profesional, o con referentes exclusivamente morales o deontológicos, o , incluso, con la simple aplicación de reglas de convivencia, de urbanidad o de buena conducta.

Por ejemplo, sabemos que no es éticamente correcto utilizar la mentira para conseguir que un chico cumpla un deber de convivencia (hacerse la cama, ser respetuoso con las personas y las cosas, etc.), pero si un educador engaña un chico para obtener un determinado resultado educativo, la mentira podrá tener sanción moral, pero no necesariamente tendrá una sanción jurídica. O si un menor acusado de un delito miente en el juicio, no recibe ninguna consecuencia punible por su conducta, pero si lo hace en un centro, los educadores deben imponer alguna consecuencia (como lo harían unos padres responsables) para conseguir guiar su educación de manera integral.

Otras veces el conflicto ético tiene un reflejo jurídico o normativo. Decimos que un problema ético tiene alcance jurídico cuando la conducta o la inactividad pueden tener consecuencias externas y coercitivas para quien afronta y resolverá el conflicto. Hay veces en que quien «actúa» o quien permanece «inactivo» (el educador, el trabajador social, la persona vulnerable, sus familiares …) tenía un deber previo de comportarse, estaba obligado a una conducta concreta establecida en la ley (por acción o por omisión) cuando esta misma ley ha fijado un mecanismo coactivo (obligar a hacer o a no hacer) o reparador (dar, compensar, indemnizar, purgar una pena, sufrir una consecuencia negativa …) ante del incumplimiento.

Por ejemplo, un educador social que reiteradamente abandona el cuidado de un niño o de un adolescente no sólo incumple un deber ético, sino que tendrá que responder ante su empresa (por incumplimiento del contrato de trabajo) y también ante un juez, si el menor se lastima.

Por otra parte, no todas las leyes tienen un contenido ético (por ejemplo, las leyes que regulan la organización de un departamento de la Generalidad o las que regulan la forma de las matrículas de los coches), pero otros, que afectan directamente el trabajo de los trabajadores sociales, tienen un alto contenido moral. Por eso es importante conocer el marco general de los derechos fundamentales, de los principios y de los valores que rigen el ordenamiento jurídico, para poder entender mejor las implicaciones legales y la repercusión jurídica de la tarea de intervención social. Y también conviene conocer algunas cuestiones legales específicas que afectan a las actuaciones de los profesionales