Ética y Excelencia Productiva

De todos los autores contemporáneos que han hablado de la función de la ética en la excelencia productiva, la eficacia o el virtuosismo laboral, cabe destacar Antonio Negri y Paolo Virno. Siguiendo estos autores, el interés del mundo empresarial por la ética es fruto de un nuevo modo de producción, que llaman postfordista o toyotista, que comienza a manifestarse en la década de 1970.

A diferencia del fordismo o taylorismo, en el que al empresario sólo le interesa del trabajador su fuerza física, en el postfordismo también le interesan y mucho sus características propiamente humanas: la facultad de lenguaje, creatividad, comunicación, trabajo en equipo, autorreflexión, afectos, tonalidades emotivas, gustos estéticos, ausencia de instintos especializados, capacidad de aprendizaje, adaptación al imprevisto, familiaridad con lo posible, optimismo, capacidad crítica … Resumiendo podríamos decir que si el reproche tópico que una empresa fordista hace al trabajador espabilado es «aquí no te pagamos para pensar», la consigna tópica de la empresa posfordista no sería ni siquiera «aquí te pagamos para pensar», sino «queremos que estés bien para que seas creativo y entre todos logramos los objetivos que nos hemos marcado ».

En la empresa postfordista ha habido una auténtica apropiación de la reflexión aristotélica según la cual hacer bien las cosas requiere realizarlas con placer. O quizás no hay que ir tan lejos y basta con la crítica que el joven Marx hizo en la alienación del trabajo. «¿En qué consiste entonces la alienación del trabajo? -se pregunta Marx-. En primer lugar, el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; el trabajador no se afirma en su trabajo, sino que se niega, no se siente bien sino disgustado, no desarrolla una energía física e intelectual libre, sino que se mortifica el cuerpo y arruina la mente. El trabajador no se siente suyo hasta que sale del trabajo y en el trabajo se siente alienado. Cuando no trabaja está en casa, y cuando trabaja no está en casa. […] Por lo tanto, se llega al resultado que el hombre (el trabajador) sólo siente que obra libremente en sus funciones animales de comer, beber y procrear, añadiendo como mucho vivienda, atuendo, etc. , mientras que en sus funciones humanas se siente sólo como un animal. Lo animal se convierte humano, y lo humano, animal. »Para aumentar la productividad, la calidad y la creatividad, por lo tanto, hace falta que en el trabajo el trabajador se sienta como en casa, que manifieste y desarrolle sus características propiamente humanas.

Todos los estudiosos de la ética empresarial coinciden en que actuar éticamente tiene ventajas para la innovación, la competitividad y la rentabilidad de las empresas. Ahora bien, hay dos grandes maneras de moverse en este campo: la de los que ven un instrumento importantísimo de negocio (bien representado por el toyotismo y las escuelas de negocios en las que se forman los dirigentes de las grandes empresas), y la de los que ven un instrumento importantísimo de justicia, los que defienden de una manera sincera la Responsabilidad social corporativa (RSC) o la Responsabilidad social empresarial (RSE), por ejemplo centros de investigación y formación como la Fundación ÉTNOR.