Educar en Valores, ¿Sirve para Algo?

  • Publicado el: 14 octubre, 2016
  • Por:

Sin ninguna duda, si, ya que los hábitos participan en el crecimiento personal. Desde el ámbito educativo y familiar hay una preocupación por el valor de la educación y para educar en valores. Los padres debemos recordar que somos los profesores más importantes en la vida de nuestros hijos. Tenemos el privilegio y la responsabilidad de compartir nuestras experiencias de vida con ellos.

El papel educativo de la escuela es indiscutible, pero la educación integral no se consigue por el hecho de ir a un buen colegio. Es cierto que el aprendizaje de los conocimientos es una parcela de la educación que los padres delegamos a los maestros. Pero somos responsables del desarrollo adecuado de actitudes, valores y hábitos de nuestros hijos, lo que les permitirá realizar con acierto el viaje de la vida.

No existen los hijos perfectos, nadie los tiene, y los padres somos personas con limitaciones, si bien irremplazables en la educación de nuestros hijos.

¿Cómo se logra esta educación?

Educar no es imponer, no es retar ni castigar, tampoco transmitir únicamente conceptos, ni memorizar historias. Educar es escuchar, acompañar y dialogar para construir una autoestima sana, un carácter fuerte y una mente abierta. Educar es inspirar un espíritu libre capaz de arbitrar la vida por uno mismo; por ello, como padres, tenemos que invertir en cantidad y calidad de tiempo para enseñar los valores que posibiliten la capacidad de discriminar, de razonar y la habilidad de comprender la vida con una sana conciencia. Educar es ayudar al hijo a tener y en utilizar las herramientas necesarias para crecer y enfrentarse con éxito a la vida. Educar es enseñar a vivir.

¿Cómo podemos dar estas herramientas?

Escuchando y hablando cuanto antes, durante y después de una actividad. Esto les ayudará a asimilar los pasos necesarios en el proceso de aprendizaje, a la vez que mejorará la comunicación diaria entre padres e hijos.

Uno de los aspectos importantes en este apasionante ya la vez difícil camino de enseñar a vivir es que los niños aprendan a aceptar y tolerar los límites. Por eso tiene tanta importancia que los adultos se los enseñamos, ya que los niños no nacen conociéndolos. Sí frecuentemente cedemos ante una rabieta, el niño lo usará como mecanismo cada vez que queramos ponerle un límite.

Vivimos en un mundo en el que los hijos, los jóvenes en general, tienen de todo y donde las cosas se consiguen fácilmente. Encontramos padres solícitos a peticiones de los hijos, que quieren ganarse su afecto con materialismos en gran parte innecesarios. En estas condiciones cuesta poner límites, a menudo estamos demasiado ocupados, con poco tiempo para los hijos, lo que facilita que no encontramos la manera de decir que no.

Con los niños pequeños no siempre se puede dialogar extensamente, ya que a veces no tienen la capacidad para entender el razonamiento que hay detrás de una prohibición. Si el niño hace algo mal, es bueno enseñarle a pedir disculpas, que intente repararlo, que experimente lo que cuesta arreglar algo que ha echado a perder. Esto será educativo para él, aprenderá que las cosas tienen un valor y en cuidará. Cuando los niños crecen en una estructura clara de lo que pueden hacer y lo que no pueden hacer, son capaces de convertirse en adultos responsables y agradables socialmente.

El aprendizaje de los límites depende también de la personalidad de cada niño: hay niños dóciles y otros que no lo son. No hay un niño igual que otro, cada uno es un universo en sí mismo. Los niños que lo pongan difícil requerirán más esfuerzo, pero todos necesitan unas mínimas rutinas, horarios, y que se les enseñen hábitos y valores.

¿Qué son los valores?

Los valores son criterios que están presentes en la sociedad y que orientan las normas, las actitudes, las opiniones y las conductas de las personas. Los valores son aspectos concretos a los que damos una importancia especial.

Los valores pueden cambiar de una persona a otra. Por ejemplo, la salud puede ser un valor dominante para una persona, mientras que otros pueden valorar más el dinero, el éxito, la inteligencia o la unión familiar. Las personas y, por tanto, los padres, definimos lo que está bien o que está mal en función de los valores que tenemos.

Los valores no son directamente observables, pero se manifiestan en la conducta a través de nuestro estilo de vida.

En la formación de valores juegan un papel importante las creencias y las actitudes. Las creencias son las ideas o las convicciones que las personas tenemos sobre las cosas y que consideramos como verdades. Las actitudes son las disposiciones que tenemos a pensar y comportarse de una manera determinada. Las actitudes pueden ser negativas o positivas. Los hábitos serían las costumbres.

Los padres transmitimos a los hijos nuestras creencias y actitudes. Con nuestra manera de hacer los enseñamos los valores que para nosotros son importantes. Con nuestros hábitos, estilos de vida y comportamiento les mostramos cómo deben comportarse. Los niños son un espejo de lo que ven hacer y no tanto de lo que se les dice que tienen que hacer. Esto nos lleva a tener presente que hay que educar con el ejemplo. La teoría no sirve si no se acompaña del ejemplo.

Estamos en un período de la humanidad en que la velocidad de los cambios culturales, sociales y económicos no da tiempo a la acomodación eficaz de las conductas humanas. A menudo oímos decir que se han perdido los valores. Quizás no es tanto que se hayan perdido como que han cambiado. Actualmente hacemos una valoración diferente, respecto de otras generaciones, los hechos y las normas. Nos movemos con unos valores diferentes de los que tenían nuestros padres o nuestros abuelos. Nos encontramos en un sistema que ofrece contrastes entre nuestras expectativas y las posibilidades de obtenerlas. Los medios de comunicación, la publicidad, las propagandas nos ofrecen un abanico de posibilidades de consumo dirigidas a buscar la satisfacción. Toda persona, todo niño, ante tanta cantidad de objetos llega a no valorar en su justa medida lo que tiene. Los chicos y chicas tienen demasiados objetos a los que prestar atención para valorarlos y cuidarlos.

La familia tiene un importante papel a la hora de dar información a los hijos, de transmitir experiencias y valores que orienten el comportamiento de cada uno de sus miembros. Como padres debemos fomentar una educación inspirada en un sistema de valores mínimos aceptables para todos.

Al contrario de lo que muchos opinan, los buenos o malos sentimientos no nacen con las personas, se forman mediante un proceso educativo que debe comenzar en edades muy tempranas. En este sentido resulta fundamental el ejemplo de los grandes.

Educar los hábitos y fundamentar una buena educación en valores es imprescindible para vivir en comunidad.