Diferentes Perspectivas en la Educación Moral del Profesor

  • Publicado el: 28 septiembre, 2017
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Este articulo presenta una visión general de la investigación y las prácticas de diferentes perspectivas sobre el trabajo con los valores morales en la formación del profesorado. Hablamos de perspectivas porque los diferentes enfoques difieren en el fondo filosófico, objetivos pedagógicos y en metodología sugerida. Es importante articular diferentes maneras de pensar sobre la educación moral, no decidir qué es realmente moral, sino estimular el diálogo sobre posibles objetivos y prácticas pedagógicas. La distinción entre las diferentes perspectivas se inspira en el trabajo sobre la formación docente de Liston y Zeichner, los fundamentos filosóficos de Aloni sobre la educación humanista y sobre nuestro propio trabajo sobre diferentes maneras de enseñar valores.

Las cinco perspectivas se presentan en una secuencia que puede ser vista como diferentes etapas en la educación de los profesores. Cada etapa añade un nuevo elemento a su predecesor. Las diversas perspectivas están embebidas en diferentes ideas sobre la enseñanza y el aprendizaje de los valores morales, el tipo de ciudadanía que necesita la sociedad y la propia tarea de la educación. Las perspectivas articulan diferentes prácticas educativas que asumen diferentes tipos de metodología y objetivos de los docentes, y por lo tanto de la formación docente. Al presentar las cinco perspectivas, articulamos lo que hace que este enfoque sea único.

Distinguimos las siguientes perspectivas:

  • Transferencia de valor
  • Practicante reflexivo
  • Sensibilidad moral
  • Participación y diálogo
  • Política moral

Al describir y analizar estas perspectivas nos referimos a la forma en que estas perspectivas trabajan con los valores, habilidades, praxis y acción

Transferencia de valor

Esta perspectiva se centra en la transferencia de valores morales en la educación. En esta visión, la moralidad consiste en virtudes, de rasgos que apoyan el buen comportamiento.

En esta perspectiva es importante, como maestros, ser un buen ejemplo moral y enseñar a nuestros estudiantes otras personas que también lo sean. El método de transferencia de valor es parte de una visión pedagógica que tiene ideas bien definidas sobre la buena vida y sobre las tradiciones culturales importantes. Se centra más en involucrar a los jóvenes en prácticas culturales existentes que en desafiarlos a posicionarse en una sociedad abierta, multicultural y cambiante.

Este enfoque puede situarse en un sistema educativo nacional que se preocupa por su patrimonio cultural o por una tradición basada en una concepción religiosa del mundo que percibe que su visión del mundo es más estática que dinámica. El énfasis en la formación del profesorado, basado en esta perspectiva, consiste en crear sólidos personajes morales en los futuros profesores y actuales estudiantes, en aprender sobre las buenas personas en la historia cultural nacional y propia, en contar historias en las que se expresa la buena vida moral de ejemplos concretos históricos o contemporáneos , y sobre los métodos para corregir el comportamiento antisocial y anti-moral (Sockett 1992). El enfoque principal es el comportamiento, no la reflexión o la acción.

Practicante reflexivo

Según muchos análisis sociológicos, la sociedad moderna necesita ciudadanos que sean flexibles y reflexivos. Muchas profesiones requieren profesionalismo basado en lo que Schön denominó como reflexión en acción. En la educación esto requiere una práctica en la que los jóvenes reflexionen sobre su comportamiento, asuman la responsabilidad de sus acciones y prueben nuevos comportamientos de manera experimental y reflexiva.

El paradigma reflexivo ha tenido una influencia considerable en el pensamiento sobre la formación del profesorado. Los futuros maestros en la práctica orientada a la reflexión de la educación de maestros son continuamente desafiados a indagar sus creencias y su conducta de enseñanza. El énfasis en el enfoque del practicante reflexivo en la formación de profesores es la reflexión sobre el propio comportamiento profesional (Korthagen 2004). La suposición es que las creencias personales influyen en el comportamiento pedagógico-didáctico.

Los maestros deben aprender a manejar conscientemente sus métodos y acciones. El intento de sensibilizar a los maestros y futuros profesores de sus creencias ocultas, de desarrollar su identidad pedagógica y de ampliar sus competencias forman parte de este paradigma. Los valores morales pueden ser parte del proceso de reflexión. La investigación demuestra que no es fácil alcanzar el nivel moral en la formación de profesores orientado a la reflexión (Lunenberg, Korthagen y Willems 2006).

Sensibilidad moral

Los valores morales son abstractos y son normativos porque dicen algo sobre la buena vida, lo bueno y lo malo. Los valores morales están incrustados en todas las narrativas y prácticas, pero ¿cómo detectarlos?, siguiendo el enfoque de la reflexión podemos hacer preguntes sobre el porque elegimos una alternativa en vez de otra. Podemos hacerlo críticamente y preguntarnos en qué valores se basa la declaración o el comportamiento; podemos preguntarnos qué es lo que impulsa la acción. En los diálogos podemos desafiar a los estudiantes a explicar por qué eligen estas ideas y prácticas.

Para el razonamiento moral no sólo debe saber cognitivamente que los valores morales están involucrados, también debe tener la sensibilidad para sentir y ser consciente de cuando los valores morales están en juego. La tercera perspectiva es, por tanto, la sensibilidad moral (Campbell 2003, Tirri 1999). Conocer los valores morales y el dilema moral no es suficiente. Los maestros deben tener la conciencia para detectar cuándo están involucrados los valores morales.

Los maestros deben desarrollar la sensibilidad para ver cuando los valores morales están en juego y cómo está dando significado a los mismos. No sólo es necesario el conocimiento sobre el comportamiento de los profesores, como en la perspectiva del practicante reflexivo, pero lo que es aún más importante es una visión del desarrollo identitario de los estudiantes. Y esto implica ver cómo se posicionan los estudiantes; dar sentido a sus experiencias y al mundo que les rodea y ver cómo trabajan con los valores involucrados. Los maestros deben incorporar esta sensibilidad moral en el arte de su enseñanza. Analizar procesos de significación de estudiantes y profesores en muchas situaciones y comparar diferentes construcciones para una misma situación puede estimular el desarrollo de la sensibilidad moral.

El estudiante debe aprender a hablar en lenguaje moral. La participación de teorías y prácticas que se centran en dilemas morales y en las preocupaciones morales de los participantes puede mejorar el desarrollo de la sensibilidad moral.

Participación y Diálogo

Los análisis sociológicos más orientados a la cultura de la sociedad sostienen que los jóvenes necesitan desarrollar competencias dialógicas y una participación activa y orientada a la acción en la sociedad. Por lo tanto, la educación debe prestar más atención al aprendizaje dialógico, al aprendizaje por experiencia y al aprendizaje orientado a la actividad. El pragmatismo de Dewey y la teoría de la actividad cultural de Vygotsky han influido en el desarrollo de esta perspectiva.

Desde una perspectiva de Deweyan, la participación no es suficiente; las experiencias deben conducir a la transformación de conocimientos y procesos activos de construcción de conocimiento y desarrollo de competencias. Un enfoque dialógico, basado en la teoría del discurso de Habermas, siempre ha sido un elemento importante en la educación moral orientada por Kohlberg (Oser, 1994). Los estudiantes deben participar en acciones de comunicación que desafían sus ideas, desconstruyen los valores entrelazados en sus ideas, y esto puede ayudarles a reconstruir sus propias creencias personales.

Los estudiantes en la formación de maestros deben aprender a usar estas dialógicas y actidades orientadas a la acción en un ambiente de aprendizaje que apoya este tipo de desarrollo profesional. La adquisición de experiencia práctica es un elemento crucial en muchos programas de formación de maestros (Ten Dam y Blom, 2006). La investigación de acción y la creación de redes deben agregarse a este aprendizaje.

Una perspectiva orientada a la participación y el diálogo, como ya se ha mencionado, puede crear un aprendizaje dialógico y un cambio. La enseñanza, para Dewey, es un esfuerzo moral porque sus actos constitutivos tienen significados morales por derecho propio y el trabajo intelectual genuino siempre implica desarrollo moral (Hansen, 2003). Hansen muestra cómo los supuestos morales se manifiestan en los rituales, tales como los comienzos en el aula, en el estilo de los maestros y en el currículo. Hansen aboga por una mayor atención por el conocimiento moral y el juicio moral en la educación y en la formación del profesorado. La participación, la acción y la reflexión deben incluir la preocupación por los valores morales.

Política moral

Nos referimos a la quinta perspectiva como política moral. La moralidad, en este punto de vista, se ve envuelta en un contexto político, y el objetivo de la educación se formula como acción política para el cambio social. La formación docente y la acción social están vinculadas desde esta perspectiva. Beyer (1996) habla de educación democrática, Oakes y Rogers (2006) utilizan los conceptos de enseñanza para cambiar el mundo, y la enseñanza para la justicia social.

El empoderamiento de las personas y el trabajo en los cambios estructurales que realzan la humanidad y el cambio a nivel de la base se consideran metas pedagógicas. El trabajo de Dewey, Freire y la Teoría Crítica y la Pedagogía Crítica ha influido en el desarrollo de esta perspectiva.

La formación de profesores en esta perspectiva está vinculada con grupos de activistas sociales dentro y fuera de las escuelas, y los estudiantes aprenden tratando de generar oportunidades en las escuelas y en la comunidad. En su práctica docente, los futuros profesores intentan crear aulas democráticas, incluir las perspectivas de las minorías en el plan de estudios y organizar la investigación social participativa dentro y fuera de la escuela. La enseñanza es vista como compromiso social y moral y como creación de un mundo mejor y más justo. La reflexión y la acción están vinculadas y apuntadas a la realización de estos objetivos morales. Los educadores de maestros son claros en su visión emancipatoria crítica, y su elección particular para las escuelas que sirven a niños desfavorecidos. Esperan que los futuros profesores opten por entrar en este tipo de educación.


Podemos argumentar que las cinco perspectivas tienen sus fortalezas particulares dependiendo de los objetivos que uno tenga con la educación y el correspondiente método de educación del profesorado.

Si uno quiere enfocarse en la educación, en la construcción del carácter y en aclarar los valores que uno encuentra importantes, entonces la perspectiva de transferencia de valor es la perspectiva más útil.

Cuando se considera que la educación es muy flexible en cuanto a su contenido, estructura, métodos de enseñanza y los profesores son autónomos y considerados profesionales, entonces es necesaria una perspectiva más reflexiva.

Si nuestro tipo de educación considera el desarrollo de la moralidad como crucial e importante, entonces se desea la perspectiva de la sensibilidad moral.

Si el aprendizaje y la enseñanza se desarrolla mediante la practica y el dialogo, entonces se necesita la perspectiva de participación y diálogo.

Y si esta práctica transformadora es vista como parte de una lucha por la justicia social y la democracia, entonces la perspectiva de la política moral es la correcta.

Somos conscientes de que las prácticas concretas a menudo muestran una combinación única de elementos de estas perspectivas.

Es fácil decir que la formación del profesorado debe prestar más atención a los valores morales. Como hemos mostrado, los valores morales pueden ser incorporados de muchas maneras diferentes en la educación en general, y en la formación de maestros en particular. Los educadores pueden elegir cómo incluir los valores morales en su programa de enseñanza de la educación.